Empresas 14.11.2017 > Argentina

Indart (Perfil): “En Argentina, es políticamente incorrecto hablar bien del juego”

Ramón Indart, periodista especializado en gaming y coautor del libro ‘El poder del juego’, valora algunos cambios en las reglas del mercado. Pide mayor compromiso y apertura de las empresas y una profundización en el conocimiento del sector de parte de los legisladores.

En los últimos doce meses, hubo una enorme cantidad de novedades para la industria del juego en Argentina, en todos los segmentos ¿Cuáles son los principales aspectos que destacaría sobre lo que vivió el sector en 2017?
Para responder a esto, puedo tomar como punto de partida la feria de Sagse a fines de 2015. Noté que había muchos inversores de afuera que venían a ver cómo estaba la situación de Argentina. Todos repetían lo mismo: que existían nuevas expectativas a partir de cambios en las reglas de juego. Eso es lo que pasó en estos últimos dos años. Hubo cambios para mejor. Se hicieron muchas modificaciones en la Ciudad de Buenos Aires y en la Provincia. Se quitó la relación directa entre el poder político y algunos empresarios. Puedo destacar cambios a nivel legal, como en Lotería Nacional o en la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires, y también en las reglas a largo plazo; me refiero a la seguridad jurídica, o sea, que haya reglas claras y que todos puedan participar del mercado sin privilegios para algunos grupos. Es positivo que todas las empresas tengan que atenerse a las reglas.
 
¿Qué avances se dieron en la lucha contra la ilegalidad?
La realidad es que el piso que había dejado la anterior gestión, en cuanto al ordenamiento y registro del juego, era muy bajo. El Gobierno actual tuvo mucho para ganar porque sólo con ajustar algunos temas y hacer cumplir ciertas reglas logró muy buenos réditos para el Estado. De todas formas, ya pasaron dos años de esta administración. Hay que ver qué sucederá en los próximos dos, sobre todo, después del reciente triunfo electoral en las legislativas. Por ejemplo, hay incertidumbre sobre lo que hará el Estado en el tema del vencimiento en 2019 de la licencia de los casinos en la Ciudad de Buenos Aires. Es políticamente incorrecto hablar bien de la industria del juego. Cuando armamos el libro ‘El poder del juego’ con Federico Poore, planteamos lo siguiente: “El juego va a estar siempre. Pongan las cuentas en claro. Háganlo público y que se apliquen las mismas reglas para todos”. 
 
Un debate importante este año ha sido la aprobación a nivel legislativo de un aumento en los impuestos a la industria y el cobro de un ingreso a los bingos en la Provincia de Buenos Aires. Esto fue, lógicamente, muy resistido por el sector. ¿Cuál es su opinión acerca de estas temáticas?
Creo que hay cierto desconocimiento sobre el funcionamiento de la industria de parte de algunos legisladores. A eso se suma que, a veces, las compañías, por no estar acostumbradas a ‘abrirse’ al público, pierden oportunidades porque no muestran cuál es la verdadera situación. Me refiero a explicar lo que se hace bien y de dónde salen los números. Como tienen ese rechazo a ‘abrirse’, terminan perjudicadas. Cobrar ingresos a los bingos o aumentar impuestos a las empresas por el tema de la ludopatía no tiene sentido. Como Estado, se puede implementar un registro efectivo de los ludópatas y establecer los centros de tratamiento necesarios. En definitiva, siempre hay una excusa para cobrarle más al juego. No hay que dar vueltas: si se quiere cobrar un nuevo impuesto al juego, hay que decirlo llanamente. Como esto no está bien planteado y hay desconocimiento a nivel legislativo sobre el sector, todo termina en la Justicia y las empresas obtienen fallos favorables.
 
¿Qué le parece que piensan las empresas privadas del juego a la hora de mirar el actual mercado argentino? ¿Entiende que hay más oportunidades para las firmas del gaming de invertir en el país?
Algunas empresas internacionales que me han contactado para tener una opinión al respecto se interesaban en cómo está el marco regulatorio. Al estar regionalizado y no nacionalizado, el juego argentino revela una realidad a la vez negativa y positiva. Lo negativo tiene que ver con que las empresas no pueden armar una estrategia nacional para sus inversiones. Lo positivo pasa por el hecho de que, por ejemplo, en el tema del juego online, quizás las compañías puedan ingresar en una provincia, como Misiones, porque allí está legalizado, aunque no lo esté a nivel nacional. El punto clave de lo que me comentan las compañías es que hay un cierto temor a invertir porque entienden que no hay reglas claras. Muchas veces, la inversión queda a merced de lo que pueda pasar con la coyuntura política. Las empresas a veces no saben dónde pueden invertir y dónde no, algo que también desconocen los legisladores porque no están bien asesorados. El terreno para el juego online está virgen aquí, por desconocimiento legislativo, lo que dificulta las inversiones. No está regulado porque es políticamente incorrecto mencionar el juego en línea, pues está sospechado de que pueden jugar los chicos o haber arreglos de partidos, cuando eso también se puede regular. La política no quiere tocar el tema, por lo que el inversor extranjero queda desprotegido y con incertidumbre. 
 
Así que, mientras que Perú y Colombia avanzan con el juego online y reciben nuevas empresas para trabajar en esos mercados, a Argentina la ve atrasada al respecto. 
Sí, porque cuando me tocó debatir sobre este tema en el Senado, uno de los primeros aspectos que mencioné a los legisladores es cómo no habían invitado a participar a representantes de las empresas. Acá la discusión se pierde en asuntos como el tratamiento de la ludopatía, pero las empresas están pensando con un enfoque a 50 años. Hoy, el juego es online, pero en Argentina, eso es mala palabra. Es difícil avanzar con el online en Argentina y mostrar cómo se regula, qué números genera para el Estado, cuáles son las experiencias en Europa y en Latinoamérica, cuáles son las actuales formas de consumo del juego y demás asuntos relativos. Igual, creo que las compañías tienen su cuota de responsabilidad. Deberían trabajar de manera más aceitada e insistente a fin de demostrar cómo el online se puede regular en Argentina. No se trata sólo de preguntar desde afuera cómo está el tema, sino involucrarse de lleno para mostrar sus beneficios y que salga adelante.
 
¿Cuál es su perspectiva sobre otro mercado importante en la región, como Brasil, que aún no ha podido legalizar la actividad?
Hace unos meses, hablé con empresarios argentinos que querían invertir en Brasil. Todos coincidían en que es una gran incógnita lo que pueda suceder allí. Hay mucha inestabilidad política. Además, como el juego está mal visto y se generan sospechas de corrupción, entiendo que la situación no va a cambiar y no se va a regular, al menos en el corto plazo. 
 
¿Cómo ve el panorama del juego a futuro en Argentina, hasta el año 2019, en cuestiones relevantes como la renovación de licencias y el combate al juego clandestino, entre otras? 
La respuesta puede dividirse en dos. En la Ciudad de Buenos Aires, creo que las licencias de concesión que se vencen en 2019 (Casino Flotante de Puerto Madero) se van a renovar abonando lo que las empresas tienen que pagar, según el nuevo contrato. En la Provincia de Buenos Aires, la intención de la gobernadora María Eugenia Vidal es que el juego no se expanda. Ahora bien, expandir no significa acotar. Me parece que algunas licencias allí se renovarán y otras se volverán a licitar. De todas maneras, por su peso político y su amistad con el presidente Mauricio Macri, la anteúltima palabra al respecto en el juego de la Provincia la va a tener el empresario Daniel Angelici. También habrá que ver cómo llega Vidal a 2019 y la postura de la empresa Boldt, pues la Provincia tiene una deuda económica muy grande con esa compañía. Así que habrá muchos intereses en juego. Desde una mirada global, mi opinión es que debe rearmarse el sistema del juego en el país, porque es desparejo entre las jurisdicciones. Hoy no existen bingos en la Ciudad y hay 46 salas en el conurbano bonaerense. La gente juega a toda hora y en todo lugar y merece tener espacios adecuados en cada provincia, y no una concentración excesiva en un solo territorio.
 
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